Pero dejé de quejarme. Me levanté de la banca del parque donde Doña Angelita le da de comer a las palomas. Ahora ni siquiera ella, que no tiene mas compañia que las tortolas del parque, a las que cuida celosamente y las reconoce a todas por un nombre, me recuerda. Desde hace tiempo, soy como un ente que se balancea en un limbo que raya entre la ficcion y la realidad, de una manera que no recuerdo si era yo la misma que se atrevia a lucir sus piernas bajo una falda corta, en una tarde calurosa de Domingo.
¿Era? Ya no lo se. Talvez mis piernas sigan siendo las mismas, tersas, largas y torneadas, pero no conservo la frescura con la que solia salir, pasear por la alameda y sentirme una flor mas en cualquiera de esos jardines. Con todo y la gota de rocio en mi sonrisa, en mis ojos. Pero no más: Claramente soy yo, pero ahora, dudo estar aqui. Dudo que esten mis ojos, mis labios sin sonrisa, mis piernas morenas y bien torneadas y mi sensibilidad de antes, mi candor, mi frescura, mi espiritualidad y mi seguridad... Mi vida.
Se fueron tras El, la persona que mas amo en el mundo. "Huye conmigo", me dijo, y me acobardé. Lo deje esperando justo en la misma banca de la alameda, entre la lluvia y la calle, en esa noche lluviosa. Al día siguiente intenté localizarlo por todos los medios. Ya no estaba.
Desde ese día, no soy mas una mujer real. Entendí por la mala que para ser una persona real, hay que arriesgarse a tomar un poco de realidad alguna vez... y tambien que las oportunidades no vuelven.
septiembre 02, 2009
julio 27, 2009
La mujer falsa (I)
Hace un tiempo... yo era una mujer real....
Los múltiples momentos extraños de mi vida me han hecho imaginaria. Nadie que pase por mis grises días puede recordarme de manera convincente, tal vez con miles de pistas como lugar, fecha u hora podrían vagamente recordar si por casualidad cruzaron conmigo su camino. Si no hay recibo de compra en un establecimiento al cual haya algo que reclamar, los vendedores jamás recuerdan si compré ahí o no... Lamentablemente es cierto que la culpa es completamente mía, pero tal vez pude estar un poco más oscura en la escala de grises...
Cuando yo era real, la gente siempre sabía quién era yo. Si salía un domingo a medio día a caminar un poco por la ciudad, todos me saludaban; "¡Adiós, señorita Oralia!". Si bien no era yo la más popular, no podía quejarme de mi situación social. No significa que ahora me queje, es sólo que me gustaría tener al menos la cuarta parte de la seguridad que antes tenía...
kineshi (I)
Los múltiples momentos extraños de mi vida me han hecho imaginaria. Nadie que pase por mis grises días puede recordarme de manera convincente, tal vez con miles de pistas como lugar, fecha u hora podrían vagamente recordar si por casualidad cruzaron conmigo su camino. Si no hay recibo de compra en un establecimiento al cual haya algo que reclamar, los vendedores jamás recuerdan si compré ahí o no... Lamentablemente es cierto que la culpa es completamente mía, pero tal vez pude estar un poco más oscura en la escala de grises...
Cuando yo era real, la gente siempre sabía quién era yo. Si salía un domingo a medio día a caminar un poco por la ciudad, todos me saludaban; "¡Adiós, señorita Oralia!". Si bien no era yo la más popular, no podía quejarme de mi situación social. No significa que ahora me queje, es sólo que me gustaría tener al menos la cuarta parte de la seguridad que antes tenía...
kineshi (I)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)